Sombra de lobo.
Él, el oscuro caballero hechicero de traje formal negro, la calamidad brilla en sus ojos. Al caminar desata furia; con sus pasos arrastra al viento. Deshace todo lo que está en su lugar. Su alma está desnuda y turbia, su corazón está esculpido con la imagen de un recuerdo.
Él, ríe sin gracia, a veces, ve sin mirar. Su rostro está sombrío y su sombra es solitaria. No tiene compromisos, sólo anda, anda sólo por andar. Camina despacio, prisa no tiene; nadie lo espera al otro lado, nadie lo busca en este lugar.
Él está solo. Su alma es nómada, su espíritu bohemio. Hace mucho que no habla, su silencio es mudo, su voz también lo es. Para romper con el silencio tiene que besar los labios del amor, lo que para él es una desgracia.
Él, silente como la muerte, desgarrador como el olvido. Su infierno es sólo uno: Él.
Son sus noches de viajes largos. Visita los más recónditos rincones de su ciudad, de la ciudad vecina, de la ciudad lejana, de la ciudad que nadie atreve a pisar. De día descansa y abre paso a la lectura, al véspero de nuevo va... De nuevo vuelve a caminar.
Él no sabe dónde vive, si al otro lado del espejo o a un lado de la realidad, si dentro de un sueño o en algún otro lugar. Sufre de algún problema existencial.

Shh... Ya él me leyó, me leyó mucho antes de escribir o publicar. No desconoce el futuro, de allí viene él y hacia allá voy yo, mi futuro es su habitad.
Él no está vivo, ni para nadie muerto.
Él, ríe sin gracia, a veces, ve sin mirar. Su rostro está sombrío y su sombra es solitaria. No tiene compromisos, sólo anda, anda sólo por andar. Camina despacio, prisa no tiene; nadie lo espera al otro lado, nadie lo busca en este lugar.
Él está solo. Su alma es nómada, su espíritu bohemio. Hace mucho que no habla, su silencio es mudo, su voz también lo es. Para romper con el silencio tiene que besar los labios del amor, lo que para él es una desgracia.
Él, silente como la muerte, desgarrador como el olvido. Su infierno es sólo uno: Él.
Son sus noches de viajes largos. Visita los más recónditos rincones de su ciudad, de la ciudad vecina, de la ciudad lejana, de la ciudad que nadie atreve a pisar. De día descansa y abre paso a la lectura, al véspero de nuevo va... De nuevo vuelve a caminar.
Él no sabe dónde vive, si al otro lado del espejo o a un lado de la realidad, si dentro de un sueño o en algún otro lugar. Sufre de algún problema existencial.

Shh... Ya él me leyó, me leyó mucho antes de escribir o publicar. No desconoce el futuro, de allí viene él y hacia allá voy yo, mi futuro es su habitad.
Él no está vivo, ni para nadie muerto.
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