Rastros del otoño del ayer.
Hoy mis recuerdos vuelan sobre alguna nube de papel, intentando encontrar el aire que se desvaneció junto a tu adiós. Hacen falta tus suspiros para poder respirar, tus labios para quedarme sin aliento, tu piel sobre mi piel para hacerle saber a esta vida, que aún sé lo que es vivir. Cada árbol me regala hojas de papel en blanco para recordarte, para escribirte, para hacerte saber que sigo vivo. Este sol de primavera me recuerda cuando tus labios jugaban a regar mis sentimientos, hasta hacerlos crecer y florecer hacia lo alto. Hoy mi voz no es suficiente, por eso callo, por eso escribo lo que siento. Mis ojos brillan, no igual que antes, al igual que ayer, siguen en la lucha de no poder volver a verte, de no poder volver a hallar en ti, su oscuro reflejo. Conservo tus recuerdos como mi mejor ceniza, como la mejor manera de sentir tu adiós. Te veo en mis sueños, al cerrar los ojos, al volver atrás; al intentar volverte a ver, no te veo más, no te encuentro, no te hallo. La luz que brillaba en mí, desapareció, se fue contigo, jamás volvió a brillar, jamás la volví a ver. Mis sentimientos caen a la nada, tal cual hoja en otoño, tal cual agua al lloviznar. Mi corazón está quebrado, ésta mitad está hecha piedra, la otra mitad, en algún rincón de tu alma se ha de encontrar, supongo.

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